qué es kitsch

 

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¿Cómo poder hablarte de mis siempre mismas palabras? En verso que decrece o crece según mis anotaciones como si fueran rayones de otro cuaderno que es mío. Y sin embargo me obligo a irlas buscando y que sumen ganancias con los perdones de al decirlas, olvidarlas. Y de levantar el polvo que arrastran asimilarlas para reiteradamente organizar precedentes. Y en optimismo me leo al paso de sus sonidos como buena geometría que redobla la destreza. En tanto sigo pensando en verdades suculentas y como biblia me ensillo en el manifiesto antiguo que vigente como testa taladra la piedra y gesta sonoridades de textos que se acunan en la idea de alcanzar como la brea pegarse al tronco por siempre. Y es el siempre una palabra que merodea con verdades y las verdades coquetas deslindan sus andamiajes. Libertades que protestan primigenias del ingenio en tanto el agua y la siesta que desprende la cabeza sacan humo y hacen sales para aguar al ser la fiesta. De la palabra ninguna se ordena en poligonales arqueros que sempiternos atraviesen meridianos. Y del polo al meridiano va amenazando la idea de que su contexto es estro del hombre sacro espectante. También la historia refleja nombres, datos y fechas pero al paso del lenguaje solo en presente se acuna y se resiste futuro a permanecer pasado en airada recolecta de argumentos bibliográficos. Insiste el rostro en derrumbes que se ajusten a la cara y las sombras como airadas muestran sus otras caras para retar al destino de recogerse en sentidos opuestos al intelecto buscándose en otros trinos. Ambiciosos como el arte que incide con sus coetáneos en parecerse al exacto espejo donde se miran. Y de mirarse, se inspira hasta que queda de frente con su propio repelente cuando le tumba los dientes. Tal como el alcatraz que crece en una laguna al norte del rumbo siempre sin pedir permiso a nadie y agobiado de la frente que mira a su otro costado y un atrás entreverado en solo sospechas raras de que existe la otra cara que ignora su precedente. En tanto el que mira busca y encuentra la coincidencia el discurso que lo enfrenta a sí mismo desvanece el rastro que fue dejando y del que queda memoria solo en quien lo testimonia como certera es la muerte. Ha cambiado el contenido del sino al solo leerle pero no lo dictamino porque se me ha escabullido al paso que te lo digo y su eco desaparece. Soy el sol que al otro lado va iluminando la noche en derroche de teclados buscándole continente al discurso de la suerte de los poetas del mundo. Y como están en su mundo dormidos en este instante, continúo mientras paseante anda la idea rebuscando retrucar el disoluto mensaje de mi estructura y es que agorera alfarera del método a conclusiones siguen las des ilusiones revelando sus pasiones agoreras de un futuro donde no hablen en voz baja ni se escondan en pasillos que agilicen a la suerte. Pues al dar paso a la idea, en las responsabilidades urgentes de pertenencia y de erecciones pendientes, la palabra pronunciada ha ganado continentes hablando en otro lenguaje que del mismo se desprende pero que de él no depende ya la suerte de sus mentes ni del corazón mentado a gatas en los instantes que al arte no acude el cuerpo con conocimiento puro. Y de culpar al vecino, al crítico y a la técnica será acusado el poeta que busque en su soliloquio metas para los estetas, ardides para los puros, excusas que anacoretas palidezcan de perjurio.


© livia díaz

 

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livia díaz [méxico, 1965]

 

 

 

 

 

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