
Fuego
a discreción,
y que sea lo que Dios quiera.
José
B. Adolph
Todo empieza con una hoja en blanco, luego es posible improvisar: desde una sierpe digiriendo un paquidermo hasta un paquidermo balanceándose sobre una tela de araña. Está permitido viajar en el tiempo, internarse en espacios grandes, medianos o reducidos y hablar distintos idiomas; cabe resaltar que la utilización de la honestidad no es mal vista, a pesar de que el engaño siempre es bienvenido y hasta mejor remunerado. Aprender a hacerlo no cuesta mucho, lo arduo es comprometerse y ser fiel por sobre las distracciones mundanales. Se dice que los verdaderos virtuosos han sabido alcanzar la asociación perfecta, y que para ellos ya no se trata de un esparcimiento sino de su propia vida. Por consiguiente, aquel que se aventure deberá entender que después del primer paso tan solo requerirá ir hacia delante, pues atrás permanecerán penitentemente las estatuas de sal: ellas, siempre bajo el sol, simbolizan a las gentes infieles.
Desde siempre me gustó meterme objetos penetrantes en el culo: picahielos, cuchillos, punzones, botellas de vino, zapatos de tacón alto. Son mi predilección las brocas industriales y los destornilladores de cincuenta centímetros. Muchos prejuiciosos asumen automáticamente que porque me embuto garrochas en el culo también deben encantarme los negros entre mis nalgas, o los ex presidiarios. A esos obtusos solamente les diré lo mismo que a mi esposa el día que le confesé mi entusiasmo por lo puntiagudo:
esto no es mariconada
Allá en la isla comíamos orejas de negros aborígenes porque nos gustaban más que los cerdos salvajes. Y con sus cabezas desorejadas hacíamos collares y nos los colgábamos para espantar a los malos espíritus. Una vez me colgué la cabeza reducida de mi madre negra, la abofeteaba todos los días después de comer y antes de acostarme. Quería que en verdad supiera quién era el patrono de aquel reino de fieras, el rey de los monos erguidos, tu niño predilecto: Coatú, mamá.
Nuestra conversación se caldeó cuando empezamos a hablar sobre el aborto. Les dije: si yo fuese mujer, abortaría a todos mis hijos, porque los hijos no son extensiones de los padres sino parásitos, rémoras. Una de ellas me dijo: si yo hubiera sido tu madre, te hubiese abortado tres veces. La primera vez para matarte. La segunda vez para asegurarme que en verdad estabas muerto. Y la última, porque eres un lastre.
Dentro de un espejo quebrado, sorprendido con una barba de eremita, sin duda yo era algo más enfermante y azul que de costumbre: una cicatriz que había tratado con el cielo ahora aparecía antojadiza y era la garra de un sinuoso tigre del Asia. No, me dije en miedo, no soy el mismo que cerró los ojos la noche que fui a recogerme entre los juncos. He compuesto una imagen bárbara. ¿Era acaso culpa de las setas? ¿He creído ciegamente en ellas? Todo aquello mientras aguardaba por Remi. Él y yo –ojalá– quería con las fuerzas animales, dentro de un sarcófago tallado y largo, encestados para la muerte de un rey grande. Ese era el beso que anhelaba.
Ahora pienso que: si alguien dice zucchini , otra persona dirá zapallito italiano. Si algunos buscan una bolsa de arvejas congeladas, otros irán por los chícharos congelados. El órgano sexual masculino puede llamarse polla, pinga, verga y en algunos casos cock , algo que quizá tenga que ver con la polla. La mofeta es la misma peste que el zorrillo. En algún lugar de Sudamérica un restaurante de comida china es una chifa, aunque los hablantes dicen el chifa y no la chifa. Hans también significa Juan y John. El color blanco representa pureza, pero de igual forma sirve para guardar luto. El título original de Fresas salvajes es Smultronstället y el nombre de Freddie Mercury: Farrokh Bulsara. La caca que cago, a la misma vez, es la mierda que defeco. Y si me cago de miedo, también me muero de lo mismo. Cuando un bebé pide teta, en realidad quiere que lo alimenten. Se matan predicando que el dios de mi pueblo es el dios de todos, sin embargo, a todos no les gusta mi dios.
Tranquilizar a Paloma era una tarea difícil. Más que difícil: imposible. La muy pendeja no se cansaba de golpear el asiento del automóvil y el parabrisas. Boris olvidó amarrarle los pies y con el vehículo en marcha no podía sujetarla con facilidad. Todo se estaba yendo a la mierda, ahí mismo, frente a sus ojos.
-Todo se está yendo a la mierda, Miguel.
-Cállate y sigue conduciendo.
-¿Qué hacemos?
-No lo sé. Sigue conduciendo.
-No puedo manejar así. Esa hija de puta me pone nervioso.
Miguel subió el volumen de la radio.
-¿Me escuchaste? Esa perra me pone nervioso, Miguel.
-Ya lo sé.
-Y tú…
-Cállate y conduce.
Siempre me siento extraña cuando estoy con él. No sé cómo explicarlo. No lo veo muy seguido pero por alguna razón me parece como si nunca dejáramos de vernos. No pienso siempre en él, lo admito, pero lo tengo presente. Suena confuso, bastante confuso, a decir verdad. Pero así es. Hay momentos en los que desearía quedarme con él y abrazarlo. Hay momentos en los que solamente quisiera verlo desde lejos sin que él lo supiese. Y hay otros en los que no me importa si está cerca o no. En ese orden. No tengo la más mínima idea del porqué. Ila dice que no debo tratarlo así, que un día se puede llegar a cansar. Quizás tenga razón. No hablamos sobre ese asunto, pero sospecho que está viendo a alguien. La última vez que conversamos fue un poco parco, como si encerrara gatos en algún rincón. No sé si son celos, supongo que no. Pero cuando me dijo que me iba a olvidar, sentí algo así como un hinconcito en el pecho. Yo me hice la tonta y traté de no quedarme boquiabierta. Sé que fue honesto conmigo, pero no me pareció lindo que dijera algo semejante. Nunca nadie me había dicho eso. Pero aún así me quedé callada. Estoy segura de que no le di pie para que me sepultara, pero tampoco hice nada para permanecer en su memoria. Ila piensa que metí las cuatro. Yo no pienso mucho.
Cuando tenía quince años me junté con gente malograda, gente de peso, con puro hijo de su madre, hacíamos gárgaras con pisco y en vez de leche nos empujábamos tres vasos de ron pampero en el desayuno. Nos importaba un pincho que nuestros viejos fueran santurrones y cuando se pusieron jodidos: que déjense de huevadas, que nada de fumones en esta casa, que los meto a la escuela militar donde estudió Vargas Llosa, les dijimos: Sabes qué, viejo? Sabes qué, vieja? Tu mierda me importa un carajo. Me paso tus reglas por el culo, por el culo del perro y por el culo de la gorda esa que tenemos de vecina. Les vamos a dar vuelta! Sí, carajo! Ahorita mismo! Mueran, conchadesusmadres!!
RRRRRATATTAATATATATRRRRRRRRRRAAATATATATATATATATA!!!!
Y así todos nosotros nos bajamos a nuestros viejos porque nos llegaban al pincho, nos seguimos coqueando y cagando de la risa. Y yo me caché a la serrana que trabajaba de sirvienta en la casa porque le tenía hambre a esa chola culona.
Una semana después formamos un grupo de rock. Ninguno sabía tocar pero igual nos aventamos. Nos pusimos de nombre Los Pankekes, porque tocábamos tan hasta el culo que no nos quedó más remedio que ser unos putos huevones punks. A mí me hicieron vocalista y la primera canción que escribí se llamó TA QUE ME LLEGA AL PINCHO QUE VENGAS A HABLAR HUEVADAS, PE , y se la dediqué a mi ex hembrita, que había estudiado en el San Silvestre, creyéndose la muy buena pero no se daba cuenta de que por más rubia y millonaria que era, su vida era una cagada materialista, consumista, centrocomercialista, que tenía caca en la cabeza y que todos los días yo le sacaba la vuelta con la primera cojuda que se me cruzaba: y encima te sacaba la vuelta con cholas, huevonaza!!! Con esas cholas que no puedes ni ver porque te crees mucho con tu apellido alemán de mierda!!
Con el rock pasamos piola un toque y pudimos juntar plata para las chelas y la coca, y cuando nos quedábamos sin guita vendíamos algunas de las huevadas de nuestros viejos para poder jalar porque sin la pasta la huevada se ponía jodida. Por esa época me ofrecieron ochenta lucas por un terno italiano de mi viejo. Sabía que me estaban viendo la cara de cojudo, pero al huevón que se lo vendí le metí siete balazos en el culo y le choreé la billetera y las tabas por querer pasarse de pendejo conmigo, cutrero de mierda. Después de esa vaina escribí HUEVONAZO, RECONTRAMARICÓN, REPARIMPAMPUTA TU MADRE, A MÍ NO ME CAGAS, PE.
“Como un proyectil he sido expulsado:
mi cuerpo metálico arde;
soy una espina incandescente,
cromo puntiagudo y veloz que surca el cielo!!!!”
Cuando la hora del alba dé, tú oirás el repiqueteo de las campanas, emanarás de tu refugio, y sin siquiera sospechar posarás el pie felón sobre el tapizado.
En la bañera, remojarás tus cabellos, cuidarás tus cavidades, limpiarás tu carne con las huellas de tus dedos y empezarás a sangrar: primero tan solo un lloro, luego será una cascada, pero para ti invisible.
Antes de abrir la puerta,
te manifestarás en el espejo, suspirarás, preguntarás quién es la reina más bella: solo usted, Alteza, solo usted, y apenas cruces el arco de medio punto, en el momento de la historia, haré mi gran aparición,
como una saeta,
como un proyectil inflamado:
me abrigaré en tu seno
y
culminación.
Hacer el amor bajo el techo de cristal. Percibir el cielo nocturno, las estrellas. Mi vagina como un detonador. Su pene como una mano diestra. Gemir bajo el techo de cristal. Mi voz como el canto de una sirena. Sus dientes como miles de vampiros. Y, de súbito, el timbre del teléfono. Nadie contesta. Por qué contestar ahora. Y también el mensaje: ya vienen!!! Sentir los jadeos naranjas. A quién cuernos le importa la grabación, los sicarios.
Recuerdo que en un principio flotar no era tan complicado. Sol era sol y una semicorchea era el doble de una fusa. No al revés, no una amalgama, no una confusión de todas las figuras y notas musicales aporreándose dentro de mi cabeza. Antes mi vida era un vals, un patrón rítmico de tres tiempos. ¿Y por qué ahora no lo es? Eso es lo que me pregunto todos los días. ¿Por qué no puedo ser el mismo cantautor? ¿Quién fue quien proclamó mi ahorcamiento? ¿Quién aprieta mis cuerdas vocales con una pinza?
Madre siempre dijo que cuando quisiera maldecir a alguien, me mordiese la lengua. Ahora quisiera maldecirte y por eso me muerdo la lengua. Te aborrezco tanto. No sabes cuántas ganas tengo de que no camines.
Nombre original: Gojira.
Monstruo de ciento veinte metros de altura que arroja fuego, destructor, benevolente en ocasiones, su piel es verde y escamosa como la de ciertos lagartos. Ha luchado contra Gamera, King Kong, Monthra, etcétera, etcétera. Apodado Godzila (Godzilla en inglés). Tiene un hijo pequeño que aún no destaca en el arte de las llamaradas.
©
salvador luis
godzila
incorporado
salvador
luis [perú, 1978]
/ LOS NOVELES / salvadorluis.net