
Con
qué ferocidad deja ella que pequeñas muertes se
vayan depositando una sobre la otra en el lambeteo de su lengua
que lambe el glande del cana que deja el revólver sobre
la mesa y la acaricia mecánicamente con el ejercicio
vicioso del macho brutal que simultáneamente pasa sus
manos enormes por el arma y por ella que lambe su glande con
fruición y algo de desamparo imprudente en el acto ahora
de chupar ya que ya no lame sino mecánicamente cómo
el cana la acaricia ella chupa como buscando una ubicación
para "eso" dentro de su cavidad bucal que sube y baja
compulsivamente sobre lo erguido del cana que cuida todas la
noches la sinagoga de la otra cuadra y que en un ojeo voluntario
de éste hacia ella que ahora se deja llevar por el acto
de chupar "eso" y él la observa desde arriba
y la ve moverse como un robot y es cuando la acaricia a ella
y al arma que dejó sobre la mesa para poder desbraguetarse
mejor y para que ella lo vea en toda su erguidura y sienta lo
poderoso del aparato policial pero ella sólo se entretiene
en lo arrebatado de su propio deseo e imprudente siempre sólo
ansía que "eso" le despida "aquello"
por la hendidurita que delicadamente mordisquea como si fuese
el gajo de una mandarina o algún fruto tropical que se
ofrece sin más para ella que por alguna razón
se contenta en chupar y sentir cierta leve pero firme distancia
entre su macho brutal que allí a su lado dejó
el revólver y que ella ve pero no piensa en el peligro
sino que ahora mientras espera que el cana que cuida todas las
noches la sinagoga de la otra cuadra se derrame ella recuerda
a La Rosa que decía "que si no hay un yo si somos
todas multiplicidades verdaderas poblaciones masas de devenires
osos nutrias prostitutas paulistas en la flor de un bretel Delias
de rimel descorrido Etheles rosas a la caza de un Grossman perdido
en Luxemburgo si somos tantos entonces" decía La
Rosa "¿me engomino o me despeino? ¿hago el
rabo o la trenza? ¿me rajo en la rabona?" decía
La Rosa pobre Rosa piensa ella ahora mientras con fricción
y fruición succiona a la espera del derrame del cana
que cuida todas las noches la sinagoga de la otra cuadra y que
ahí allí está parado erguido en todo su
aparato policial frente a ella a él ellácea ellaél
se piensa ahora ya que da lo mismo ahí allí en
el momento mismo de abandonarse y sentir que no es ella ni él
ni yo ni tú ni Erica ni Gustavo sino otra cosa y no una
cosa en sí se dice no una cavidad bucal un agujero que
aloja "eso" que succiona del cana que cuida todas
la noches la sinagoga de la otra cuadra sino otra cosa una no
cosa más arrebatada que las cosas que las putas más
putas que las personas más putas que el aparato policial
bucal el aparato con el cual succiona es se dice el placer mismo
que no tiene forma ni entidad es algo que proporciona placer
es el placer mismo se dice entonces cuando el cana que cuida
todas las noches la sinagoga de la otra cuadra explota sobre
ella que es el placer mismo justo cuando después vuelta
ya, ellácea, Erica, se dispone a despedirlo.
©
leonel giacometto
la
pasión por el trozo
leonel
giacometto [argentina,
1976]