qué es kitsch

 

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Wenceslao, ese pene pequeñito que tartamudea entre tus piernas siempre me dice cuando está borracho: so so soy ca capazzzz de foooornicacarttte. Y yo le contesto: sí, papito, todo lo que tú quieras y más. Y tu pene pequeñito (me he encariñado tanto con él que ahora le llamo Pitufo Fortachón), y Pitufo Fortachón sonríe y salta emocionado porque soy la única mujer que le ha dicho esas cosas que ruborizan: Tututú me me memé guguuusstas mucho.

La semana pasada vimos una película para niños. No, Wenceslao, no era una de dibujos animados, era con personas de carne y hueso (¿acaso hay personas de queso y piedra?), actuaba ese hombrecito tan simpático, Rick Moranis. Rick Moranis, sí, ese que tiene cara de tonto y suele hacer papeles de tonto; sí, el mismo, el de Los Cazafantasmas. Sí, sí, usa anteojos y seguro que allá en su barrio de origen lo insultaban todo el santo día y le decían que era medio nerdy. Ya sabes cómo son esos gringos cuando quieren ofender a alguien. Bueno, pero siguiendo con lo de la película, vimos Querida, encogí a los niños, y yo estaba muy entretenida viendo a esos niños empequeñecidos, corriendo de acá para allá, tan bellos, ¿no?, luchando contra hormiguitas y montando abejas. Pero a Pitufo Fortachón no le gustó la película, decía que no era muy cómica (creo que en eso sí está en lo cierto, hoy en día las comedias parecen tragedias), y a pesar de que yo le daba besitos y le hacía caricias, Pitufo Fortachón no me miraba. Ay, Wenceslao, no pude dormir esa noche.

Pero la primera vez que lo vi en cueros yo sentí tantas cosas por mi pitufito. ¿Te acuerdas, Wenceslao? Era tarde y estábamos en el cine. Yo no te conocía. La función ya había terminado y todos los espectadores salíamos de la sala (creo que era la sala 8 y la película… no sé, pero era una de esas con Michael Keaton); mi amiga Gabriela, Gaby, estaba conmigo y a mí me dieron ganas de ir al baño (había tomado una coca-cola enorme) y ella me dijo: voy por el auto, te espero afuera. Y yo: no me tardo ni cinco minutos, Gaby. Entonces me metí en el baño y estuve haciendo mis cositas tranquilamente hasta que escuché pasos y después una voz, era tu voz, Wenceslao, que querías violarme y que saliera desnuda porque si no lo hacía me liquidabas ahí mismo, con tu pistola, que de una vez. Y yo pensando (todo esto en centésimas de segundo, como en las olimpiadas) si gritar o no gritar, porque tú sabes, Wenceslao, un violador es un violador. Decidí que sí, que debía pedir auxilio, y cuando estaba a punto de alzar la voz, de pronto, de la nada, escuché un llantito, sí, sí, era mi Pitufo Fortachón que lloraba porque tú ya me habías desvestido y arrancado el brassiere y le daba pena que mis senos fuesen tan imponentes y que él fuera tan rezagadito, y se puso a llorar así de súbito, cuando te alistabas a penetrarme: era un paño de lágrimas y yo lo abracé porque me dio lástima verlo tan agobiado.

 

Mi pitufito nunca deja de tartamudear, Wenceslao, y cómo hay que rogarle para que se acueste con nosotros cuando queremos hacer el amor. Tú sabes que a veces me pide que me busque otro pene, dice que mis senos son muy carnosos para él y todo ese rollo melodramático. Pero yo siempre le explico que no, que él puede violarme y más, le doy de beber de la botella de Smirnoff y permito que me llame mujerzuela y barata, que me dé un par de correazos y jale mis pelos hasta cansarse. Y lo aliento gritando, Wenceslao: No eres poca cosa, papito. No eres poca cosa.

© salvador luis

 

ménage à trois

salvador luis [perú, 1978] / LOS NOVELES / salvadorluis.net

 

 

 

 

 

 

 

 

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