
Océanos
en blanco. Los flancos de la desilusión cubiertos por
una lona caldosa. Aguanta subido a la cuerda, la red ha cedido
bajo el peso de las noches de carbón, ya sé que
al final del túnel la luz te alimenta pero no nos dejes
en salmuera que nuestras articulaciones pueden secarse solas
al sol de mediodía. Tábanos en tu circuncisión,
palabras desterradas del miccionario, veces que subiste la montaña
y nadie te esperaba en la cima. Imágenes psicotrópicas
saliendo de la boca del lobo, esperan la salida del siguiente
amanecer los autobuses al infierno, billete gratis para todo
aquel que sepa algo de nuevo.
No sé
qué estoy haciendo pero me lo estoy pasando en grande.
Abril en los pliegues de la esfera aunque nunca llegamos al
final del libro ni notamos un ligero cambio de sabor en el pequeño
Bobby. Si vuelve esta noche el hombre de la gabardina, las fiestas
tomarán el puerto con ilusiones color azul y vestidos
de encaje sin tacones.
Hasta la
madrugada pereceré unas veinte veces y amaré otras
tantas y anotaré en mi libreta marrón cómo
se está quemando la ciudad amarilla cuna de mis más
desviados sueños. A pesar de que quiera dejar de comer,
los platos vuelan a reacción sobre los cielos de madera
así que no podré evitar el impacto mortal de las
veces que dejé la puerta abierta. Sólo estoy un
poco descarriado, no me dejes nada cortante que puede ser que
no me aguante el tirón de los entierros.
Sin embargo,
como sabes, las niñas bonitas no pagan dinero, por lo
que me veo obligado a leerle sus derechos de la mano de un envenenador
profesional. Creí que estaba en el momento siguiente
pero ahora me doy cuenta de mi locura.
Para todos
aquellos que no confiaron nunca en mí, van estas líneas
desde el destierro. He devuelto vuestros tickets y he removido
los cimientos de mi edificio poético. Podéis buscarme
en los bares de siempre que me encantará que no me encontréis.
Un abrazo.
©
roberto domínguez
océanos
en blanco
roberto
domínguez [españa,
1981]