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Quien haya probado una regañada sabrá de lo que carece este relato. De por sí, este relato corto podría dejarse de leer en este preciso instante, ya que si no cuenta con regañadas, todo indicaría que se trata, nada y nada menos, que de una mierda de relato. Toda pieza literaria que suprima arbitrariamente a las regañadas no es más que una bazofia, heces. Sí, señor. Sí, señora. Las regañadas son la fuente de la vida, no sólo en la Literatura y en las Bellas Artes sino también en los lugares menos esperados (astilleros, ferreterías, cantinas, etc.) y en las actividades más mundanas como el ciclismo, la limpieza de servicios higiénicos y las meditaciones metafísicas. No en vano se ha postulado que gracias a las regañadas el mundo permanece en equilibrio, manteniendo el balance entre los Himalayas y los Andes, entre lo negro y lo blanco, entre lo masculino y lo femenino, y que cuando nos vemos afectados por una escasez de regañadas el universo se sumerge en el caos. Quien escribe este texto breve entiende lo que es el caos y sabe, asimismo, lo que una regañada puede hacer por el mundo. Una regañada es capaz de hacer sonreír a miles de niños. Una regañada puede cambiar la trayectoria de un ciclón. Una regañada puede guiar a los marineros sin brújula. Una regañada puede sanar a los enfermos más graves. Una regañada puede acabar con el hambre mundial. Una regañada puede evitar todas las guerras. Una regañada puede dar amor, mucho amor, amor grande, amor del bueno. Una regañada puede hacer que este relato corto deje de ser un relato de mierda, y puede abrir corazones como los abre un bebé curioso, despacio y con inocencia:

una regañada nos salvará!
no perdamos la fe!

© salvador luis

 

relato corto sin regañadas

salvador luis [perú, 1978] / LOS NOVELES / salvadorluis.net

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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