
Hoy por
la mañana, después de una cacería de hormigas
en el hospital y una ajustada cola para la atención ambulatoria,
el odontólogo de turno, es decir el sujeto de las pocas
esperanzas y de la poca paga, ha declarado que mis encías
son imposibles de fortalecer. Respuesta que me parece muy sincera
y que me evita más gastos en vitaminas y métodos
alternativos que tenía en mente. Pienso entonces, que
debo de acostumbrarme al enjuague bucal de sangre que a diario
realizo luego de deslizar las cerdas del cepillo sobre los dientes
y la resignación a no poseer jamás una dentadura
privilegiada.
Un asunto
de dientes y resignación es también la última
película de Coppola, quien resucitó al vampiro,
lo desempolvo de su pacífico castillo en Transilvania
y lo vistió al estilo victoriano. Quizás lo que
más odiamos de la película fue a Gary Oldman apoderándose
de nuestra guapa Wynona Ryder y la sugerencia de que no solo
le habría chupado el cuello. Hace poco fuimos a verla,
¿a quién?, a la película, ingenuo: sin
pop corn, sin enamorada, sin ganas de tener vida eterna. Un
sujeto nos interceptó a la salida, preguntó si
éramos periodistas, asentimos casi con morosidad y él
dijo que regularmente no se equivocaba en la comunicación
telepática con su maestro. Pensamos que estaba chalado.
"Este loco qué se cree: Reinfield", dijo mi
compañero y harto del silencio lo conminó a hablar:
"Bueno, pero qué es lo que quieres, ¿denunciar
a tu madre?, ¿mandar cartas al chamán del horóscopo?,
¿un dato sobre algún caballo, quizás también
le vas a Red Skull? Vamos, hijo, que son casi las once y necesito
entrar al baño para no sentirme solo"
-Quiero que me acompañen, estos tiempos de cambio son
inquietantes.
Tal vez
como muy pocas veces estaba dispuesto a aceptar cualquier proposición,
no sé: afeitarme las axilas, conducir sin manos o meterme
en una botella. Y este sujeto había aparecido en el momento
indicado...
Y acepté naturalmente.
Dijo que
se llamaba Varg. Vestía de negro, el rostro lo tenía
barrido por un color pálido, imagino que talco. Él
nos comentó mientras lo seguíamos que su maestro
quería dar declaraciones a la prensa. ¿Quién
demonios era su maestro? Ni más ni menos que un sujeto
que se hacia llamar Gargulus, "un vampiro auténtico
que se había mantenido en la clandestinidad durante mucho
tiempo", nos dijo.
Nuestro
recorrido fue inusual. Cruzamos mercados, postas de guardia,
paraderos de microbuses para llegar a esa pequeña barriada
tristemente muerta al lado del río. Él se apartó
y por un momento pensé que podríamos ser víctimas
de un robo. La puerta de una de las covachas se abrió
sin mano alguna que la impulse. "De repente son las condenadas
ratas", dijo mi compañero, quien además me
amenazó que si no era una buena historia él se
encargaría de hacer correr mi sangre.
El cuarto
olía a querosene y había almanaques en las paredes
con mujeres en pequeñas tangas, probablemente nuestro
susodicho vampiro era un onanista confeso más que un
interesado en llevar la cuenta del tiempo. El vampiro, que era
el mismo pordiosero de siempre, estaba cubierto por un frazadón
y se mecía en su silla. Parecía que estuviese
a punto de morir por la manera como nos miraba. Pensamos, o
yo pensé, que este hombre más que un ser de la
noche era otro pillo que había matado a su mujer en una
borrachera de hace veinte años y en la soledad, lejos
de policías y cristianos, la redención se tornó
locura.
Nuestro
"Reinfield" luego de una reverencia, se acercó
a la gran oreja que colgaba de la cabeza de su maestro. Mi compañero,
por otro lado, se quejó de que se perdería una
película con Alyssa Milano, una donde vuelve a enseñar
sus tetitas, como si realmente aquello fuese tan agresivo para
desencasillarse del papel de la hija de Tony en Who's the
Boss?
"Sé
lo que piensa, he vivido entre hombres casi doscientos años
y de todos he aprendido qué es la desconfianza."
Y yo pensé: Aquí hay material para aterrar niños...
continuará
©
rauf neme
vampiros,
pordioseros y otros monstruos
(crónica
extraída del desaparecido diario Los Modernos)
rauf
neme [perú, después de Cristo]
/ LOS NOVELES